Luis Muñoz Almagro

7 junio, 2017
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En febrero de 1990 tuve el privilegio de viajar durante 30 días por la Antártida con el fin de elaborar unos reportajes para Informe Semanal. Entonces, viví la emoción de poder contemplar una maravillosa y singular fauna antártica en el último territorio virgen del planeta azul. El pasado 1 de junio, 27 años después, tengo que confesar que he sentido una emoción parecida en el interior de un «hide» fotográfico de observación de aves rapaces, existente en la Reserva de la Biosfera de El Espinar , Segovia, junto al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, que gestiona el Colectivo Azálvaro-Otea. Fue algo indescriptible el poder contemplar y fotografiar a placer, a tan solo unos pocos metros de distancia, un gran número de ejemplares de aves de distintas especies como el buitre leonado, buitre negro, milano real y negro, águila ratonera, córvidos y otras rapaces. Nunca los había visto tan cerca y en su hábitat. Un recuerdo inmarcesible a una hora de Madrid.